martes, 13 de septiembre de 2011

Voz, Palabras que se sueltan…


Aquí  estoy  acercándome a Vos, para compartirle esta reflexión que me nace de la vivencia cotidiana, de las charlas con amigos, del andar por los caminos de la vida…
Como consagrada, se lo que significa una voz que llama por nuestro nombre, es allí cuando nos sentimos  reconocidos, amados por Dios, entonces lo más hermoso es responder.
Quiero unir voz y palabra, en este mes de Setiembre en que los cristianos celebramos el mes de la Biblia, el libro por excelencia, y donde con tantas imágenes Dios nos hace escuchar su voz, y contemplar su Palabra.
La voz, supone compromiso, jugarte, exponerte como persona, como sabemos que cambiando solo el tono de voz, podemos manifestar tristezas, alegrías, o enojos. La voz, nos habla de una estrecha relación con la vida. Si toca las emociones, los sentimientos, el vínculo con otros y con Dios.
Palabras sueltas sin que nadie las escuche no tienen sentido. No se trata simplemente de leer textos sin llegar a escuchar una voz, una voz  que habla. La voz siempre encuentra Palabras, hay un  silencio de donde las palabras renacen.
Con certeza creo que, el deseo de todo Cristiano es poder decir yo he escuchado su voz. ¡Dios me habla! Pero no basta escuchar a Cristo hablar. Los discípulos escucharon sus enseñanzas, sin embargo, sabemos que no fue garantía de adhesión a su Palabra. “¿Ustedes también quieren irse?” les decía Jesús,
Vos, yo, todos estamos llamados por Dios a la Vida plena, estamos llamados a ser Felices, a desarrollarnos, no podemos ignorar su  voz. Sí, estamos llamados, yo estoy llamada para una vocación, consagrada, boca – llamado me evoca el momento que escuché esta llamada, esta voz. El significado de una voz, es mucho más que tan solo pasar ideas, es un encuentro personal.
Te presento a la persona de Moisés, Éxodo 3, 1-15, él escucho la voz y también experimentó  el espectáculo grandioso de la zarza, son imágenes  que Dios nos pone enfrente para hacernos notar su presencia… pero solo la voz completa su presencia… Moisés, Moisés… ¿Quién eres Señor?  Dios se presenta como “Yo Soy”. En el nombre de Dios están las historias de los encuentros personales con Abrahán,  Isaac y Jacob… el tuyo, el mío, el de todos…

                                           Hna. Virginia Romero hsp
                                             Congregación Paulinas

domingo, 4 de septiembre de 2011

La Otra Orilla

Tengo en mi mente un fuerte deseo, el de compartir con vos, este pensamiento sobre la otra orilla.
Son tantos los motivos, mi país, su realidad, la gente que sufre, jóvenes con un gran dolor por familias desarticuladas, por sobre todo el motivo es el amor,  la pasión, que siento por servir.
"Después de eso, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran a la otra orilla" Mt. 14,22,  esta palabra de Jesús, es el punta pie inicial,  golpea mi puerta, y me infunde esperanza.
En una sociedad donde gana el más fuerte, con expresiones como, "ya no se puede creer en nadie", acabamos de vivir con el caso Candela, hoy se desconfía hasta de su propia sombra.
Y quiero decirte: si un día nos vemos asaltados por pruebas inevitables, recordemos que fue Jesús quien nos mandó embarcarnos y que quiere que lo precedamos en la orilla opuesta.
Pensaste alguna vez, ¿cuál es la otra orilla para vos?
Creo también, es imposible ver la otra orilla, para aquel o aquella que no ha pasado por pruebas de las olas y del viento contrario, para arribar  a aquel lugar. No será si, para aquellos, que cuando nos veamos rodeados por dificultades múltiples y penosas, fatigados de navegar en medio de ellas con el poco medio que tenemos, Imagina que tu barca, mi barca y nuestra barca se encuentra entonces en medio de la mar, azotada por las olas que desearían "hacernos naufragar en la fe"(1 Tm 1,19) o en la confianza, en el amor, en la familia, quizás en otro gran valor. ...
Sí, después de que, en estos sufrimiento, hayamos combatido durante las largas horas de la noche oscura que reina en los momentos de tormenta, cuando hayamos luchado lo mejor posible procurando evitar "el naufragio de..." estemos seguros que, hacia el termino de la noche, "cuando la noche esté avanzada y a punto de amanecer" (Rom 13,12), el Hijo de Dios vendrá junto a nosotros, caminando sobre las olas, para tranquilizar la mar, y desearnos la paz. Confía siempre y di con un gran grito: "Señor, sálvame"

                                            Hna. Virginia Elida Romero hsp